Mi Historia: Vislumbrando la luz

Porque al final todo va de “encontrarle el sentido a la vida”
Vislumbrando la luz
Vislumbrando en la playa de los Cóbanos – El Salvador

Después de los confusos años como estudiante y trabajador ocasional, a los 3 meses de empezar “el gran trabajo” en una gran empresa de ingeniería y desarrollo ya me di cuenta de que por allí no andaba el sentido de mi vida… veintipico años formándome, adjudicándome el sobrenombre de “ingeniero” para poder formar parte y aportar en una de las empresas punteras del sector y cuando se me presenta la oportunidad, resulta que no me gusta. ¡Menuda hostia!

Con todo, mi motivación siguió al 110%. Al fin y al cabo, en empresas tan grandes uno siempre puede moverse, ver y aprender distintos procesos y, con suerte, hasta aprender de gente con ganas y mucho conocimiento.

Una de las cosas que acompaña a las grandes corporaciones y que amarra a sus trabajadores a una rutina perpetua es un sueldo muy decente y BASTANTE seguro. Así que, en mi caso, después de apurar hasta el centavo las becas Erasmus y viniendo del “maravilloso” mundo de las ETTs siendo apenas mileurista, estos sueldos que los compañeros de oficina menospreciaban, me parecían como “ganar” el premio de La Primitiva mes a mes. Todo un gozo y hasta surrealista en plena crisis.

A pesar de ello, el ambiente en la oficina, el ritmo de trabajo, las pocas ganas de mucha gente en todas las áreas de la empresa empezaron rápidamente a hacer mella en mi motivación y a plantearme seriamente que definitivamente aquel no era mi lugar y que aquello no podía representar mi futuro. De ninguna manera quería ser como algunos de mis compañeros: Aguantando el tipo y tratando de aguantarse los unos a los otros durante más de 40 horas a la semana en aquella oficina. Vendiendo su tiempo de mala gana a cambio de un sueldo decente del que renegaban. “Mi no entender

Oficina Curro
Foto Random pero bastante similar a mis memorias. Al fulano no lo conozco – Cortesía de Pixabay

Al fin y al cabo, yo no tenía nada de nada: ni hijos ni casas que mantener, ni hipotecas que pagar ni un gran ego que alimentar con cacharritos tecnológicos, cochazos o grandes resorts/cruceros vacacionales…

Por lo visto eso era algo que iba a llegar irremediablemente porque el transcurrir de la vida es así Y PUNTO. No vayas a plantearte un camino alternativo… Así que más me valía asumirlo y tratar de adaptarme cuanto antes.

Por aquel entonces yo vivía con mis padres y, si ganando apenas 1000€ me daba para ahorrar, ¡ni te cuento lo que me suponía el ganar un poco más!

Aunque nunca me he privado de nada, siempre he sido poco materialista y he necesitado poquito dinero para sentirme contento con lo que hago. Por si no lo sabes, mis 3 grandes adicciones son el deporte, viajar y echar el ratillo con los amiguetes y familia:

  • Para correr solo necesito unas zapatillas y un reloj con cronometro de los de la vieja escuela :)
  • Para viajar dame kiwi.com, una mochila, mi gente y hostales o albergues. ¡Más nada!
  • Y para echar el rato con los amiguetes y familia solo necesito unas bravitas y una Voll-Damm*
ZApas Mochila y Reloj
¡Zapatillas, mochila y reloj! La compañia y la Voll-Damm vienen a parte :)

Retomando el hilo, mi contrato con la mega-empresa estaba condicionado a realizar diversos proyectos en Alemania, lo que suponía mandarme a vivir allí durante un tiempo todavía indeterminado. Y menos mal… dado el panorama en mi oficina y el poco trabajo que me tocaba, lo único que me motivaba pasados los 4 o 5 primeros meses era poder volver a Alemania.

Una vez allí pasé las mismas fases y reviví los mismos sentimientos: Empecé A TOPE, con algo de acojone claro, pero motivadísimo y con muchas ganas de currar en una peasso de empresa con una reputación brutal a nivel internacional. Aunque “más o menos” conocía mi trabajo y mis tareas, el mayor reto y la motivación más grande era adaptarme a esta nueva región de Alemania, sus maneras de hacer**, pero también el disponer de nuevo de independencia, viviendo en mi propio pisito, con algunos lujillos de más.

Al poco tiempo, y aunque el idioma por mucho que lo hablaba no dejaba de ser una pequeña barrera, ya empecé a notar de nuevo las mismas desganas y desmotivaciones de mis compis alemanes  – Kollegen y Kolleginen, anclados en una aburrida rutina y quejándose como el más español de las condiciones y salarios laborales – a pesar de la diferencia abismal con respecto a España.

Por lo visto, no importa lo mucho o poco que tengas, siempre se necesita más y cualquier excusa es buena para quejarse, incluso teniendo una calidad de vida tremenda…

Las semanas se iban amontonando rápido, hacía mi trabajo tan bien como podía, aprendiendo, pero parecía que se esfumaban las horas sin aportar nada útil a mi vida. En un momento mi única motivación se convirtió en “sobrevolar” las semanas para llegar al fin de semana o a las vacaciones y entonces poder disfrutar de viajecitos o de las Oktoberfest y similares que se montan por Alemania. Y de repente, ahí estaba, trabajando casi única y exclusivamente para cobrar mi sueldo, sin ningún tipo de pasión. Definitivamente esas rutinas y horas en oficinas no podían acercarme a la felicidad de ninguna manera…. ¿pero qué alternativas se supone que hay para una persona normal trabajadora como nosotros…?

Lo único bueno de todo ello es que ahorraba sin esforzarme demasiado.

Por suerte para mí, soy soñador: por la cabeza me han rondado siempre ideas como montar una casita rural auto-suficiente para vivir tranquilamente o viajar laaaaaaaargo con alguna autocaravana o campervan.

Pero estaba claro que ni con mi capacidad de ahorro iba a poder realizar todo eso a corto o incluso medio plazo y tampoco tengo la paciencia para poder esperarlo hasta jubilarme ***.

Con este panorama, no tenía ni idea de qué hacer con mi dinero, que rumbo tomar. No me interesaban coches, ni pisos con sus hipotecas para toda la vida y mis viajes con mochila me llenaban. Mi teléfono Huawei y mi portátil Toshiba eran más que suficientes para lo que yo hacía con ellos, así que me suponía un esfuerzo añadido el intentar gastar más: Ya tenía mucho más de lo que necesitaba.

Mis alternativas para mi dinero eran:

  • Bancos y sus magníficos fondos, depósitos y demás chollazos de inversión
  • “Invertir en ladrillo”

Todo esto me lo empecé a plantear en el 2011/2012, con todo el reventón de la burbuja inmobiliaria y los rescates y putadas “bancarias” a nivel nacional bien recientes. Antes de eso ya había tenido alguna mala experiencia con los bancos y me había quedado claro que quizás siendo MUY rico puedes sacar algo de algunas de sus propuestas, sino olvídate de las promesas y confórmate con que el banco maneje tu (poco) dinero totalmente a su antojo y, si tienes suerte, te dé un par de migajitas como interés. Los Bancos NO eran una opción para mí: Para que ellos metan mi dinero donde les plazca, sin ninguna supervisión y que hasta se lleven los beneficios por ello, para eso me lo guiso, me lo como y me lo arriesgo yo por mi cuenta. ¡Gracias!

Pero el ladrillo tampoco era una buena opción para mí. Hipotecarme hasta las cejas para comprar un piso y alquilarlo me suponía tener que bailarle el agua todavía más y durante más tiempo a los bancos que tan poco me gustan, teniendo que encadenarme mucho más a ese trabajo “seguro” que me iba amargando poquito a poco. Por no hablar de los impuestos y el mantenimiento ni de la “alegría” de andar buscando a inquilinos de fiar…  ¡Demasiado perezoso para todo eso!

Una plaza de parking era más viable por ser algo más barato, pero con el mantenimiento, los impuestos y el encontrar a quien la alquile, tampoco era demasiado apetecible ni fácil.

Por lo que no me quedaba otra que averiguar si había alguna otra alternativa más factible para mi situación, que, sin ser una cantidad suficiente para comprar ningún piso o apartamento sin endeudarme MUCHO, ya me suponía cubrir mis gastos habituales de varios meses… demasiado dinero para no hacer nada con él.

¿Dónde meto mi dinero?

Y buscando y buscando y después de encontrar muchísima morralla y promesas de dinerito fácil, encontré lo que sin querer y sin saber iba a ser no solo la forma de sacarle un poquito de partido a mi dinero ahorrado, sino que al final me iba a transmitir la fuerza y confianza necesaria para emprender las acciones que me han llevado hasta donde estoy.

A pesar del temor, la distancia e incluso el rechazo que puede infundir el solo nombrarlo, te hablo de invertir en Bolsa. No te hablo de jugar ni de apostar ni ni siquiera de especular, te hablo de INVERTIR.

Por ponerte en situación y siendo franco, no me he hecho rico ni vivo en la opulencia ni lo espero. Escribo esto sentado en una terracita en Suchitoto (El Salvador), una de las paradas de nuestro***** viaje low-budget mochilero por Centroamérica que iniciamos hace más de 2 meses, después de dejar ese trabajo del que te he hablado hasta ahora. Por supuesto necesito trabajar para vivir, por el dinero pero sobre todo para sentirme útil, conectado de algún modo a la sociedad y aportar lo mejor de mí. Los ingresos que me suponen las inversiones en bolsa****** tan solo me han hecho depender menos de una fuente de ingresos como sería mi sueldo, me han dado fuerzas para intentar buscar otra forma de vida que, aunque quizás peor remunerada, aporte algo más de sentido y satisfacción a mi vida.

Terraza en Suchitoto
Redacción. Suchitoto, el Salvador

Y hasta aquí una pequeña introducción a Mi Historia y sobre cómo he llegado hasta aquí. Como la bolsa es un “ente” muy desconocido y además muy genérico, te prometo que seguiré con mi historia ya que he pasado por muchas fases y me he dado muchas hostias que son dignas de contar y de ejemplo a evitar… así que nos vamos leyendo por aquí mientras voy ubicando mi norte.

*Eso si es que no están conmigo en el albergue mochileando

**nada que ver una región con otra distina dentro de Deutschland y mucho más si los bundesland están alejados ¡¡¡palabrita!!!

***con toda la vitalidad de una persona de ¿70 años?****

****Siendo optimistas….

*****hablo en plural porque somos un tándem formado por mi novia y yo, ella también sufrió mis fases y «evolución»

******en forma de dividendos o reparto de los beneficios de las empresas

 

Y tú ¿cómo lo ves? ¿te gusta tu trabajo? ¿tienes propósitos para tus ahorros? Sea como sea, espero y deseo que ni los bancos ni tu empresa se aprovechen por lo menos demasiado de ti

¡Compartir es vivir!

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

2 ideas sobre “Mi Historia: Vislumbrando la luz”