La sana droga de viajar

Sí amigas y amigos: Viajar es una puñetera droga – por decirlo finamente.

Si alguna vez has viajado seguro que conoces esa sensación de inseguridad y excitación cuando llegas a un lugar desconocido. ¡Pues exactamente eso es lo que me genera adicción!

La incertidumbre, el no saber exactamente qué esperar o qué puede ocurrir. O, si me apuras, el no tener ni puñetera idea ni una pizquita de certeza de qué vas a tener o poder comer ese mismo día. Eso es, exactamente, el extremo opuesto a la rutina. Y si la rutina aburre, el viajar engancha.

Viajar
En tren por India… lo único seguro: ¡Té chai! y un retrete-agujero con vistas a la vía

Recuerdo perfectamente la primera vez que tuve esa sensación. La primera vez que viajé sin tener ningún guía llevándome de la manita, sin tener ni idea del idioma local: la llegada a Alemania, ¡el bendito ERASMUS*!

Porque hasta ese entonces había viajado y viajado y viaaaaaajaaaaaaaaadooooooo, pero SIEMPRE: o bien de la mano de auténticos cuidadores que se encargaban de absolutamente todo** aún y sin conocer el país, o bien con colegas, pero limitándonos al seguro territorio nacional***, sin problemas de idiomas o costumbres ni hostias de gentes diferentes. Y siempre SIEMPREEE durante 3 semanas como muchísimo.

Aunque no viajé solo y además habíamos establecido contacto con el encargado de los estudiantes local. Tan solo teníamos que lograr llegar solitos al Albergue juvenil donde, a falta de habitaciones de estudiantes libres, a duras penas habíamos podido reservar camas en un dormitorio para el primer mes de estancia. ¡¡Sin ayuda de nadie!! Y con un nivel de inglés de colegio en España…

Aterrizamos bien entrada la tarde en pleno febrero, con un frío que si eres de Barcelona no habrás sentido nunca ni en el congelador. De ahí solo debíamos coger un autocar que nos llevaría directitos a la estación central del pueblo donde íbamos a “estudiar”, esto era a unos 100 kms de donde estábamos. Pero eso estaba chupao y era rapidito, contando con las Autobahn**** alemanas.

Y allí nos plantamos, en nuestra Ciudad-Pueblo a menos “pico” grados, MUY de noche, con las calles vacías de caminantes, pero a rebosar de nieve y hielo. Como anécdota, estaba tan bien preparado e informado sobre mi destino que las zapatillas que llevaba eran de verano y demasiado transpirables. Eso sí, en la maleta llevaba de cada tipo de prenda por lo menos un par de estas térmicas del Decathlon, de las que por mucho frío que haga, te dejan toda la sobaquina como la lengua del perro de mi abuela cuando comen costillas. Un verdadero shock. Pero ahí estábamos, plantados en mitad de la calle al lado de la estación de buses, solos con nuestras maletitas con ruedas. Por aquel entonces los Smartphones eran Apple o Blackberry, vamos que valían un riñón, lo que hacía que todavía fuera imposible que YO o mis compis tuviéramos uno o Googlemaps… No quedaba otra que preguntar, porque con la nieve, la oscuridad y la niebla no se alcanzaba a ver nada de nada de un sitio que no conocíamos.

Viajar a Alemania
Primer impacto: Alegría en ALEMANIA….

Lo bueno de “aterrizar” en una estación de buses es que, por normal general y aunque estés en el lugar más solitario de la tierra, por los alrededores, bien cerca, hay parada de taxis. Aunque en realidad estábamos a 5 minutos del albergue, teníamos que cruzar una especie de río helado por un puente. Pero del río/puente, ni rastro… Así que ahí fuimos con nuestro inglés de pacotilla a preguntarles si podían indicarnos por donde ir o llevarnos directamente, ya que el tiempo tampoco acompañaba demasiado.

La ventaja de acercarte a un taxi es que solo tienes que decir el nombre del lugar al que quieres ir y, tachán, ahí que te lleva el conductor. Por supuesto no teníamos la dirección porque en esa “city” ese era el único albergue. Pero, ¿sabes cómo se escribe Albergue Juvenil en alemán? Yo lo sabía, y mi colega también. Lo que no teníamos clarito era la pronunciación exacta de Jugendherberge  y, visto lo visto, incluso después de haber vivido 6 años en Alemania, todavía no tengo narices de pronunciarlo de forma comprensible para los nativos… aquella noche ni te cuento, claro.

Sea como fuera, al final lo logramos y 3 minutos después de subirnos al coche ya estábamos bajando en frente del JU-GEND-HER-BER-GER. A pesar de que no pude desprenderme de la sensación de estar perdidísimo, llegar a nuestro dormitorio reservado fue pan comido y toda una bendición. Y una vez allí, rápidamente volví a mi tranquilita zona de confort llamando y escribiendo a mis colegas y familiares por el bendito Skype, ¡sintiéndome orgullosísimo y como en casa!

Hasta 3 días después no teníamos programado ningún tipo de contacto con gente de la universidad de destino y a pesar de las dificultades idiomáticas y de la rara sensación de estar en un lugar tan desconocido, nos lo pasamos en grande con las cervezas en botellas de plástico del Lidl – las becas no daban para grandes lujos.

El resto de semestre fue un mix de sufrimientos y alegrías junto con estrepitosos ridículos y orgullosos momentos que no vienen a cuento aquí.

Pero lo que está claro es que todos esos retos que me supuso el adentrarme en otra cultura, esas sensaciones nuevas, raras pero agradables, fueron el germen y el inicio de mi adicción a viajar. Esos sentimientos son los que todavía hoy en día persigo y encuentro en cada lugar nuevo al que me dirijo: ¿Qué me encontraré? ¿A quién conoceré? Y sobre todo… ¡¿qué voy a aprender y qué voy a dejar atrás andando por estos nuevos lugares…?!

Definitivamente ese primer viaje casi en solitario cambió mi vida radicalmente y condicionó cómo iba a definir mi Norte totalmente.

Dicho esto, y para terminar:

Hola a todos, mi nombre es DeN y soy adicto a viajar (¡y espero y deseo que así sea por muchos años!)

Sana Droga Viajar

 

 

En mi defensa tengo que aclarar que lo de irme de Erasmus no fue una decisión meditada que llevara tiempo rondándome la cabeza – de hecho, JAMÁS me lo había planteado. Fue más un cúmulo de eventos en los que me metí así como de broma al descubrir una charlita sobre el tema que me iba a librar de unas cuantas horas lectivas… acumulando charla y charla al final me vi con mis zapatillas de verano en el invierno alemán, sin comerlo ni beberlo.

 

*Por si has estado metido en un agujero durante los últimos 10-15 años: Erasmus es un programa europeo que facilita y promueve mediante ayudas/becas la movilidad académica de estudiantes dentro de Europa

** Rollo marajá con sus sirvientes llevándolos en volandas – en mi caso en caravana: Benditos mamás y papás cuando somos críos…!!!!!!!!!!

***llámale “estatal” en lugar de nacional

****Autobahn son las autopistas alemanas. Aunque no tienen peajes la mayoría son infraestructuras de cagarse donde, además, en muchos tramos ni siquiera hay velocidad máxima establecida.

 

¡Compartir es vivir!

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